¿Quiénes somos?
Proyecto Chuecos: una historia de pájaros, científicos y un legado que sigue vivo
Todo comenzó con Lucía Córdoba, una ecóloga colombiana que llegó a Águilas después de años trabajando en la gestión de áreas protegidas y proyectos participativos de conservación de especies amenazadas en la Orinoquía colombiana.
Venía de una tierra gobernada por el agua: ocho meses de lluvias intensas que inundan las sabanas y obligan a desplazarse a caballo o en lancha, seguidos de cuatro meses de sequía que transforman por completo el paisaje.
Al llegar al sureste español, se encontró con un mundo desconcertante: montañas marrones, vegetación escasa y ramblas sin una gota de agua. Su primera impresión fue que la agricultura intensiva y la urbanización habían arrasado con todo. ¡Para alguien acostumbrado a la exuberancia de la Orinoquía, aquello parecía otro planeta!
Decidida a comprender aquel paisaje, cursó el Máster en Áreas Protegidas, Recursos Naturales y Biodiversidad de la Universidad de Murcia. Quería entender cómo funcionaban los ecosistemas mediterráneos y cómo era posible que tanta vida sobreviviera donde cada gota de agua parecía un pequeño milagro.
Fototrampeo en la charca artificial. Foto: Francisco Robledano Aymerich.
Foto cámara de fototrampeo en el travertino. Conejo común ((Oryctolagus cuniculus), concurrencia con Mirlo común (Turdus merula)
Su intención era investigar abejas, pero en su camino apareció Paco Robledano, profesor de Ecología con más de cuarenta años de experiencia, quien le propuso estudiar las aves de la Finca Castillo de Chuecos. Entre la confianza, la empatía y el entusiasmo de Paco, Lucía terminó cambiando las abejas por los pájaros. Las abejas, por supuesto, nunca fueron consultadas.
Lo que ninguno imaginaba era que, escondido entre aquellas montañas aparentemente áridas, les esperaba un descubrimiento extraordinario: un pequeño travertino donde el agua brotaba discretamente de la montaña y la biodiversidad se reunía en un sorprendente oasis de vida.
Aquel hallazgo cambió para siempre su manera de mirar la naturaleza. Comprendió que un paisaje seco, marrón y con poco verde no es necesariamente un paisaje degradado. Cada ecosistema tiene sus propios ritmos, equilibrios y estrategias para sostener la vida.
Y, sobre todo, aprendió una lección que se convertiría en el corazón del Proyecto Chuecos:
«Para conservar la naturaleza, primero hay que aprender a comprenderla. Porque, a veces, basta una pequeña gota de agua para descubrir un universo de vida donde parecía no haber nada».
El descubrimiento que lo cambió todo
Durante las primeras visitas a Chuecos, Lucía y Jacinto Martínez, un ornitólogo con más de treinta años de experiencia y anillador científico desde 2007, observaron algo curioso: en una zona de rocas rojizas siempre había un movimiento extraordinario de aves.
La curiosidad pudo más que el camino establecido y decidieron bajar hacia la rambla.
Allí encontraron una pequeña maravilla: una cavidad de roca caliza cubierta de musgos, un espectacular helecho y un frágil hilo de agua que resbalaba entre sus hojas. ¡Un oasis escondido en mitad de una sierra sedienta!
Instalaron una cámara de fototrampeo y comenzó el espectáculo. Aves, mamíferos y otros animales aparecían en las grabaciones utilizando aquel pequeño refugio.
Paco y Lucía celebraban cada nueva especie como si hubieran descubierto un tesoro. Y, en cierto modo, así era.
Desde 2023 no hemos dejado de grabar, investigar y maravillarnos con la biodiversidad que sostiene ese diminuto rincón.
Las personas detrás de esta aventura
De izquierda a derecha, Phd Francisco Robledano Aymerich, Jacinto Martínez Rodenas y Lucía Córdoba Prieto
Esta historia se desarrolla dentro del Grupo de Investigación Ecosistemas Mediterráneos (ECOMED), de la Universidad de Murcia, dedicado al estudio de la flora, la fauna y las relaciones entre naturaleza y sociedad, con un compromiso especial con la conservación y gestión de los ecosistemas mediterráneos.
Nuestro equipo reúne experiencias tan diferentes como complementarias:
Phd Francisco Robledano Aymerich, profesor titular de Ecología e Hidrología, experto en conservación y gestión de espacios protegidos, dirige la investigación y aporta décadas de conocimiento científico, además de una contagiosa capacidad de emocionarse con cada descubrimiento.
Jacinto Martínez Rodenas, biólogo marino, ornitólogo y especialista en seguimiento de fauna, fue compañero del descubrimiento del travertino y pionero de los anillamientos científicos en Chuecos. Si un pájaro canta, probablemente Jacinto ya sabe quién es y qué está diciendo.
María Victoria Jiménez Franco
Phd María Victoria Jiménez Franco, doctora en Ecología e investigadora especializada en modelos estadísticos y seguimiento de vertebrados, codirige la tesis doctoral. Es quien transforma nuestras miles de grabaciones y observaciones en conocimiento científico. Porque emocionarse con una gineta está muy bien, pero demostrar por qué aparece es otra historia.
Lucía Córdoba Prieto, ecóloga colombiana especializada en educación, comunicación ambiental y gestión participativa de áreas protegidas, desarrolla su tesis doctoral en Chuecos. Después de años trabajando en la conservación del jaguar, el oso hormiguero y los ecosistemas de los Llanos Orientales colombianos, llegó a Murcia con una convicción: la ciencia debe salir al encuentro de las comunidades. Hoy conecta la investigación con la educación ambiental y la participación ciudadana.
Javier Tormos, CEO de Atalaya Bio, nos acompañó desde aquellos primeros momentos de emoción. Su empresa cultiva aloe vera mediante agricultura biodinámica en la finca, demostrando que producir alimentos y materias primas y cuidar la biodiversidad pueden formar parte de una misma visión del territorio.
Grupo de Investigación en Ecosistemas Mediterráneos -ECOMED-
Un amigo, un sueño y un compromiso
Pero esta historia tiene otro protagonista imprescindible: Domingo Jiménez Beltrán, primer director de la Agencia Europea de Medio Ambiente y un incansable defensor de la sostenibilidad.
Domingo dedicó sus últimos años a proteger la Finca Castillo de Chuecos, convencido de que aquel territorio merecía conservarse para las generaciones futuras.
Lo unía a Paco una profunda amistad y una visión compartida de la naturaleza. Lucía tuvo la fortuna de conocerlo en vida, pero apenas un año después Domingo nos dejó.
Y con su partida, Paco y Lucía heredaron algo que no figuraba en ningún contrato: el compromiso de mantener vivo su sueño de conservación.
Un compromiso del que, afortunadamente, no hemos sabido desprendernos.
Domingo Jiménez Beltrán en los cultivos de Aloe Vera de la Finca Castillo de Chuecos.
Y así nació una pequeña gran comunidad
Lo que comenzó como un trabajo de fin de máster sobre aves se convirtió en una investigación doctoral y, poco a poco, en una aventura colectiva.
A las cámaras y los prismáticos se sumaron estudiantes, asociaciones, voluntarios, instituciones y personas que creen que conocer la naturaleza es el primer paso para protegerla. Hoy el Proyecto Chuecos reúne investigación científica, conservación de la biodiversidad, educación ambiental, agricultura sostenible y participación ciudadana.
Seguimos contando aves, analizando datos, descubriendo especies y compartiendo experiencias. Pero, sobre todo, seguimos trabajando para que este territorio tenga futuro. Porque Chuecos nos enseñó que un pequeño hilo de agua puede sostener una enorme diversidad de vida y que un sueño compartido puede reunir a toda una comunidad.
Somos el Proyecto Chuecos: la ciencia nos reunió, la naturaleza nos enamoró y la amistad nos dejó un legado que queremos mantener vivo.
Y pensar que todo comenzó porque Lucía quería estudiar abejas...
Voluntarios del taller de construcción de cajas nido en barro impulsado por el AMACOPE en el Roncón de Gaia en Calabardina.
Texto: Lucía Córdoba Prieto.
NUESTRO LEGADO
Domingo Jiménez Beltrán: el hombre que vio futuro donde otros solo veían paisaje
Video: Lucía Córdoba Prieto.
Hay personas capaces de cambiar la manera en que entendemos el mundo. Domingo Jiménez Beltrán fue una de ellas.
Ingeniero industrial de formación, dedicó más de cuatro décadas a impulsar las políticas ambientales que hoy forman parte de la agenda europea. Fue Director General de Política Ambiental en España y, en 1994, se convirtió en el primer Director Ejecutivo de la Agencia Europea de Medio Ambiente, contribuyendo a situar el conocimiento científico en el centro de las decisiones públicas. A lo largo de su trayectoria defendió un modelo de desarrollo en el que la economía, la naturaleza y el bienestar de las personas no compiten entre sí, sino que avanzan de la mano.
Sin embargo, quienes tuvieron la oportunidad de conocerle saben que sus mayores logros no se encuentran únicamente en los cargos que ocupó o en los reconocimientos que recibió. Su verdadera grandeza residía en su capacidad para inspirar, para mirar un territorio y descubrir en él oportunidades donde otros solo veían límites.
Esa forma de entender el mundo encontró su máxima expresión en la Finca Castillo de Chuecos, en la Sierra de Almenara, en Águilas.
Cuando llegó a este lugar quedó cautivado por su extraordinario patrimonio natural, histórico y cultural. Pero no imaginó la finca como una propiedad privada, sino como un espacio abierto al conocimiento, la innovación y la conservación. Soñó con convertirla en un auténtico laboratorio vivo de sostenibilidad, donde la investigación científica, la restauración ecológica, la agricultura mediterránea, las energías renovables, la educación ambiental y la participación ciudadana convivieran para demostrar que otro modelo de relación con el territorio era posible.
Para Domingo, Chuecos nunca fue únicamente una finca. Era un lugar donde aprender de la naturaleza, experimentar soluciones para los grandes desafíos ambientales y demostrar que la conservación solo tiene sentido cuando las personas forman parte de ella.
Su entusiasmo era contagioso. Solía repetir que quienes vivíamos aquí quizá no éramos conscientes de la enorme riqueza del territorio: «No lo sabéis, pero vivís en uno de los mejores territorios de Europa.» Esa frase resumía su manera de mirar el paisaje: con admiración, con responsabilidad y, sobre todo, con esperanza.
Hoy, años después, ese sueño sigue vivo.
Cada especie identificada, cada fotografía de fauna, cada estudiante que aprende en la finca, cada voluntario que dedica su tiempo a restaurar una charca o retirar especies invasoras, cada caja nido instalada y cada persona que descubre Chuecos por primera vez forman parte del legado que Domingo comenzó a construir.
Porque las personas pasan, pero las ideas capaces de transformar un territorio permanecen.
Y pocas ideas fueron tan inspiradoras como la de convertir la Finca Castillo de Chuecos en un lugar donde la ciencia, la naturaleza y la ciudadanía trabajan juntas para cuidar el futuro.
Texto: Lucía Córdoba Prieto.

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