Una historia de agua, biodiversidad y memoria, en el corazón de la Sierra de la Almenara.
En la Sierra de la Almenara, donde las montañas parecen haberse acostumbrado a vivir con sed y el paisaje mediterráneo se extiende hacia el mar de Águilas, existe un pequeño rincón que guarda uno de los secretos mejor conservados de la Finca Castillo de Chuecos: el nacimiento de agua de su rambla, conocido como el rezume.
A simple vista, podría parecer un lugar sin demasiada importancia. No es un río caudaloso, ni una cascada espectacular, ni una laguna que aparezca en las postales. Es apenas un pequeño nacimiento donde el agua encuentra su camino entre las rocas y la vegetación. Pero en un territorio semiárido, donde cada gota cuenta, este humilde rincón puede convertirse en un auténtico tesoro para la vida.
Y es que el agua de Chuecos tiene una historia mucho más antigua que nosotros.
Una historia escrita entre las piedras
Mucho antes de que existieran las cámaras de fototrampeo, los senderos interpretativos o los investigadores que hoy recorren la finca, el agua ya modelaba este paisaje.
Durante siglos, las ramblas mediterráneas han sido caminos naturales por los que circula el agua de las lluvias, se transportan sedimentos y se conectan las montañas con las tierras bajas. Pero también han sido lugares fundamentales para las personas que aprendieron a vivir en territorios donde el agua nunca estuvo garantizada.
En Chuecos encontramos huellas de esa relación histórica. La presencia del castillo, las antiguas infraestructuras hidráulicas y una balsa tradicional nos hablan de un paisaje en el que conocer, aprovechar y conservar el agua era una cuestión de supervivencia.
El rezume presenta, además, una pequeña intervención humana que podría remontarse a época romana. Aunque su origen y cronología todavía requieren una investigación arqueológica que permita confirmarlos, esta particularidad abre una pregunta fascinante: ¿cuántas generaciones habrán conocido y utilizado este mismo nacimiento de agua?
Es posible imaginar a antiguos habitantes recorriendo la rambla, buscando sus manantiales y aprovechando los pequeños caudales que emergían de la montaña. Más adelante, las comunidades andalusíes perfeccionarían en el sureste peninsular numerosas técnicas de captación, almacenamiento y distribución del agua.
No sabemos todavía qué papel exacto desempeñó el rezume en cada uno de esos periodos, pero sí sabemos que forma parte de un paisaje donde la naturaleza y la historia humana llevan siglos entrelazándose.
Un pequeño oasis para la biodiversidad
Mientras los seres humanos cambiaban sus formas de habitar el territorio, los animales continuaban encontrando en estos pequeños puntos de agua un recurso fundamental.
Hoy sabemos que un nacimiento como el rezume puede cumplir muchas más funciones ecológicas que la de proporcionar agua para beber.
Puede ser un lugar de descanso, alimentación, refugio y encuentro. Un espacio donde las aves encuentran humedad y pequeños invertebrados, donde los mamíferos pueden detenerse durante sus desplazamientos y donde las condiciones del entorno ofrecen oportunidades que escasean en el paisaje circundante.
Y aquí aparece uno de los aspectos más interesantes de nuestra investigación: el agua no tiene el mismo valor para todos los animales ni en todas las estaciones del año.
En primavera, cuando la actividad de las aves aumenta y muchas especies se encuentran en plena época reproductora, estos pequeños enclaves pueden adquirir una importancia especial. Durante el verano, cuando el calor aprieta y la disponibilidad de agua disminuye, los mamíferos pueden intensificar la búsqueda de lugares donde hidratarse o encontrar condiciones ambientales más favorables.
En otoño, los cambios de temperatura, la disponibilidad de alimento y los movimientos de la fauna vuelven a transformar la dinámica de estos espacios.
Esta alternancia estacional es una de las cuestiones que investigamos en Chuecos. Queremos comprender cómo cambian las funciones de los puntos de agua a lo largo del año y qué factores explican que diferentes especies los utilicen de maneras distintas.
Cuando la ciencia empezó a escuchar al agua
En 2023 comenzamos a investigar la importancia de los pequeños cuerpos de agua de la finca. Lo que inicialmente formaba parte de un trabajo académico terminó convirtiéndose en una investigación mucho más amplia sobre la biodiversidad mediterránea.
Con el apoyo del grupo de investigación ECOMED de la Universidad de Murcia, iniciamos un seguimiento mediante cámaras de fototrampeo en tres enclaves muy diferentes: el travertino natural, la charca artificial naturalizada y el rezume de la rambla.
Tres lugares unidos por un elemento aparentemente sencillo: el agua.
Sin embargo, cada uno tiene un origen, unas características y unas condiciones ecológicas particulares.
El rezume representa una pieza especialmente interesante de este pequeño laboratorio natural. Su localización en el nacimiento de la rambla y las evidencias de intervención humana histórica permiten estudiar cómo un enclave transformado hace mucho tiempo puede seguir desempeñando funciones ecológicas en el presente.
Las cámaras nos ayudan a descubrir una parte de la vida que normalmente permanece oculta a nuestros ojos. Nos permiten estudiar qué animales se acercan, cuándo lo hacen, cómo se comportan y de qué manera cambia su actividad con las estaciones.
Y, sobre todo, nos permiten formular nuevas preguntas.
¿Utilizan las aves y los mamíferos el rezume de la misma manera? ¿Qué importancia tiene la disponibilidad de agua durante los periodos más secos? ¿Puede funcionar como un pequeño refugio térmico? ¿Contribuye la rambla a facilitar los desplazamientos de la fauna por la sierra?
Son preguntas que forman parte de nuestra investigación doctoral y que requieren analizar los registros obtenidos a lo largo de los años.
El agua que conecta el pasado con el futuro
Quizás lo más extraordinario del rezume sea que reúne, en apenas unos metros, tres historias que normalmente estudiamos por separado.
La primera es la historia geológica, la de una montaña que almacena, conduce y libera agua a través de sus materiales.
La segunda es la historia humana, la de las comunidades que aprendieron a reconocer y aprovechar estos pequeños nacimientos para habitar un territorio difícil.
Y la tercera es la historia ecológica, la de los animales y las plantas que encuentran en estos lugares oportunidades para sobrevivir.
Hoy, el Proyecto Chuecos intenta reunir esas tres historias mediante la investigación científica, la educación ambiental y la participación ciudadana.
Porque conservar un pequeño nacimiento de agua no significa únicamente proteger unos cuantos metros de terreno húmedo. Significa reconocer las relaciones que mantiene con la biodiversidad, con el paisaje y con la memoria del territorio.
El rezume nos recuerda que los grandes valores naturales no siempre se encuentran en los lugares más espectaculares. A veces están escondidos en una rambla, bajo las piedras, donde un hilo de agua lleva siglos haciendo su trabajo sin pedir reconocimiento.
Y mientras nosotros intentamos descubrir su historia, el agua sigue escribiendo la suya.
Nota científica: Este relato integra los antecedentes históricos y las hipótesis ecológicas trabajadas para la tesis doctoral. La atribución romana de la intervención, su posible relación con sistemas hidráulicos andalusíes y las funciones ecológicas específicas del rezume deben mantenerse como hipótesis hasta contar con evidencias arqueológicas y resultados de fototrampeo analizados específicamente para este enclave. Los patrones estacionales descritos corresponden al marco general de investigación de los tres puntos de agua, no a resultados exclusivos ya confirmados para el rezume.
Texto: Lucía Córdoba Prieto.
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